23 mar. 2014

Paz.

Muchos dirán que mi instinto buscador
despedazará cualquier esperanza
de estabilidad moralista,
cualquier discreta posibilidad de asentamiento
y belleza.

Otros querrás convencerme
del monstruoso terror de los bosques,
del peligro de las montañas,
del placer de la vida llana y cierta; de  pies con amarras y  vida dormida.

Tal vez algunos miren con desprecio mi soñar,
o besen alocadamente mis manos
deseando fundirse.

Yo mutaré una y mil veces más.
Tal vez me lleve tiempo entender la quietud,
quizás nunca me amarre los cordones a las zapatillas,
o me funda en el tiempo de los que ruedan
por caminos.

Pero hay algo que nadie podrá arrebatarle a este alma:
el deseo de paz
que me lleva
más allá.
Jamás atraparán mis
sueños
en la ficción
de la comodidad
y del destierro
del amor
que es lo único que llevo
conmigo.